Cuando algo pretende ser un paisaje no es más que llanto derramado por desiluciones propias y ajenas que inmaculan el espiritu, y ocasionan colisiones destructivas que armonizan el alma de tan solo mirar lo que transmite, y aveces cuando el paisaje no se pretende, éste resulta sagrado e inmortal através de los ojos misticos del sol y la luna.
Nublado y ruidoso mar de ninfas y seres semihumanos que habitan tu alma manchada de barro y pintada de inocencia calurosa con sed de frio y armonía.
Amplificar ciertos hechos a veces resultan ocultar y revelar la luz a lo que buscabas.
El sigilo y el misterio a veces revelan el infortunio del ser atrofiado de curiosidad.
Portada maltratada y trillada, conformas solo las lagañas de una majestuosidad colosa.
Clamor de nubes, polvo difuminado, y máquinas absurdas, se cobijan en tu altar.







